
Lo que estos franceses hacen en sus tres discos es Black Sinfónico, del tipo que no abandona la iconografía del típico Black Metal de corpse-paint y temas de oscuridad medieval (al menos en los dos primeros trabajos).
A diferencia de la marcada labor melódica de las guitarras de su posterior trabajo, aquí son más espesas y los riffs resultan más crujientes, aunque con destellos de melodía con no poca frecuencia. A su batería le gusta manejar las velocidades características del Black, pero siendo clemente para las partes atmosféricas de los teclados.
Estos teclados no aparecen todo el rato, dejando pasajes más guitarreros, y cuando lo hacen elevan el disco con brumas etéreas tal y como hacían los viejos Hecate Enthroned, a quienes me recuerdan en su uso del sintetizador, hasta con esos sonidos similares a órganos, el marco ideal para su inspiración en tiempos del estruendo metálico de batallas y el hedor a brujería.
Pone voz a esas antiguas historias ese estilo que alterna rasgadas y guturales a lo Graveworm; la rasgada no se pasa de gritona y su toque raspado es óptimo, al igual que la gutural no llega a cavernosa y queda bien para subrayar partes con un toque más brutal.
Resumiendo, es un disco algo más rudo y oscuro que su sucesor, si bien se mantiene en ambos el mismo tipo de atmósfera e igual estilo vocal. Sin más que decir, escuchemos las melodías de acero rechinante, carne rasgada y hueso astillado.
