miércoles, 9 de marzo de 2011

BLASPHERIAN - Infernal Warriors Of Death


Por fin ha salido a la luz uno de los discos que más esperaba este año, máxime cuando en principio se esperaba para el año pasado, y aquí tenemos para nuestro disfrute este trabajo de Death Metal desde Texas. En general sigue la línea hedionda de su EP de 2007 “Allegiance to the will of damnation”, aunque con más solidez y un resultado más compacto en este debut.

No soy el primero ni el último en fijarse en lo mucho que recuerda la portada a Immolation, esa escena de conquista infernal de los reinos celestiales que ya plasmaron en su día, y no sólo remite a lo estético porque recuerda también bastante a ellos y a otros compatriotas suyos como Incantation con su Death Metal de corte oscuro y pesado que incluye muchas partes infecciosamente lentas.

Pero no queda ahí la cosa, nada de eso, teniendo como guitarrista a Wes Weaver, músico de Imprecation, el disco lleva la putrefacta marca finlandesa en sus riffs de mugrosa densidad al igual que sucede con Funebrarum por ejemplo, otros estadounidenses con mucha influencia de la pestilencia finlandesa.
Junto ese aliento sulfuroso de las guitarras tenemos la batería que marca rápidos y poderosos ritmos de hordas que pisotean con sus pies descalzos los dorados tronos divinos. Con el toque especial de esta banda en las partes lentas, que casi entran en terrenos Doom-Death, y cuando digo Doom-Death me refiero a la faceta más oscura y ruda del estilo, dando una contundencia tal que casi puedes escuchar cómo estalla un cráneo bajo tus pies mientras los ojos explotan como uvas.
Y la voz a tono, por supuesto, una gutural muy baja y oscura, pero sin llegar tampoco a la terrorífica cavernosidad de voces como la de Vasaeleth por ejemplo.

Durando algo más de media hora, al fin tenemos algo más de material tras aquel breve EP de poco más de veinte minutos que hizo las delicias necrológicas de muchos de nosotros, a disfrutar se ha dicho, que ya huele la carne.

sábado, 5 de marzo de 2011

AVZHIA - In My Domains



Echemos otro vistazo a esos discos del 2010 que me pasaron desapercibidos, en esta ocasión con una de las bandas mexicanas más reconocidas, banda que se lo toma con calma porque sólo cuenta en su haber con tres álbumes completos desde mediados de los 90.

Yo conocí a estos blackers con su debut “Dark Emperors” de 1996, de mano de la recomendación de un mexicano que me aseguró que se trataba de Black Metal tan crudo como sinfónico. Pues bien, de sinfónico poca cosa al final, sólo unos cuantos teclados por ahí distribuidos que resultaron ser más escasos en que grupos como los viejos Abigor.

Desconozco el segundo álbum de 2004, pero en este nuevo trabajo sí que nos recibe desde el principio un extenso sudario de teclados lúgubres. No sólo en las misteriosas intros de ruinas y pasadizos mohosos, también palpitan los teclados durante la duración total de los temas como una cortina ambiental de fondo y soplando hálito inmortal en los interludios atmosféricos de las mismas. No es por tanto un grupo de grandes fastos, utilizan más bien el teclado de forma sencilla pero efectiva como en bandas de los 90 tales como Satyricon, Graveland o Abigor, además de maridarlo bien con unas pocas acústicas.
En cuanto al tipo de Black Metal que encontramos junto a esos teclados, que no son los protagonistas, se nota la primigenia influencia de los grupos noruegos en sus polvorientas guitarras de minimalista sencillez, ese zumbido tenaz que no cesa. La batería, en cambio, uno se la podría esperar como un continuo blast-beat, pero esa ferocidad sólo aparece de cuando en cuando, y predomina más el ritmo lento e incluso lo épico de bandas como Graveland.
Su vocalista también es bastante versátil, añadiendo a sus rasgadas de ave carroñera otras entonaciones distintas, y hasta algunos cánticos claros (creo que debo pensar un poco en nuestro entrañable Attila Csihar).

Lo dicho, una muy agradable sorpresa viniendo de un grupo que antes no me llamaba del todo la atención, da gusto encontrarse con cosas tan noventeras (producción difuminada incluida) en el 2010, ideal si te gustan cosas como los polacos Infernum o los griegos Vorphalack


jueves, 3 de marzo de 2011

DORN - Brennende Kälte


Recordar días pasados me ha llevado a pensar en dedicar unas líneas a este disco alemán que, si bien no es una joya impresionante, sí me trae buenos recuerdos al menos.

Siendo su segundo disco de 2001, se nota una mejora con respecto al debut (quizás debería rescatarlo y dedicarle un poco más de atención) como tantos otros grupos que salen con un primer disco discretito y en su segundo lanzamiento se lucen más.

El alma mater de la banda es Roberto Liebig, a quien mencioné en la entrada que hice sobre el debut de Riger (esa banda pagana) por ser su teclista. Se les nota por tanto tener a este señor como compositor, ya que el esqueleto de este álbum no es otro que el sinfónico, concretamente con influencia del Black Sinfónico y aires de Gothic.
En cuanto a la base guitarrera, no es para morirse de placer la cosa, con riffs machacones que te hacen pensar en esos grupos que andan entre el Death y el Gothic endurecido, y la batería es por lo visto programada y le resta por tanto puntos al conjunto.
Pero los teclados en cambio sí que lucen estilosos y hacen rescatable este trabajo para mi gusto, pues tienen en general un sonido litúrgico que hace pensar en iglesias medievales con velas, arcadas y cruceros, sobre todo cuando aparecen los frecuentes órganos. El inconveniente es la falta de regularidad, porque son brillantes del mismo modo que hay momentos en que suenan un poco plásticos y fuera de lugar, para luego brillar de nuevo con unos buenos pianos.
Estos teclados me hacen pensar nuevamente en el Gothic, sobre todo en combinación con la voz que resulta ser gutural la mayor parte del tiempo, aunque también escupe las letras en alemán con una voz rasgada bastante forzada.

Nada especialmente destacable, pasará desapercibido para quien no sea muy del estilo, pero no está nada mal si te apetece algo entre Graveworm y Crematory.

miércoles, 2 de marzo de 2011

DIABOLICAL - Daimonion


Hace poco me he reencontrado con este álbum turco de Black Sinfónico que tenía un poco olvidado, y el caso es que está a la altura de los otros grupos turcos del estilo que me gustan: Episode 13, Black Omen e incluso Lost Infinity (si pasamos por alto que son más Gothic extremo que otra cosa).

La estética doomster de la portada, que podría ser sin problemas la de un disco de Funeral Doom, resulta encajar bien con el sonido de este EP de 2005, que presenta ritmos lentos con sombría elegancia.
Remite un poco a la cadencia de los primerizos Graveworm, aunque Diabolical (no es un dechado de originalidad el nombre) tienen el plus de una aspereza distorsionada en las guitarras que no tenían los mencionados italianos.
Sigamos con las guitarras, que son sobre todo sencillas y pesadas, aunque con algún curioso detalle en segundo plano, y tienen algunos momentos de grisácea melodía que me han llegado a recordar a los inefables maestros My Dying Bride. Con los teclados tampoco son nada rimbombantes, teniendo unos sintetizadores ligeros de fondo, aunque destaca mucho el extenso uso de estilosos pianos que no quedarían nada fuera de lugar en unos Theatre Of Tragedy o The Sins Of Thy Beloved, dando un distinguido aire novelesco al conjunto.

En voces está bien surtida la cosa, con variedad y estando muy correctas todas las que emplean. Primeramente tenemos una rasgada algo macabra con raspada sequedad, y encuentra una buena compañera en una gutural al estilo de la que usan Graveworm. Ahí no acaba la cosa, porque los pianos tienen un fino complemento en las voces femeninas, con una fina suavidad que no busca destacar como haría la típica soprano que resalta con su poderío, no, aquí son un elemento más que se integra con el resto de la atmósfera.

En sus veintiocho minutos (cuatro canciones y dos instrumentales) no hay nada nuevo, pero desde luego pienso que gustará a quienes disfrutan de estas uniones entre el Black Sinfónico y la elegancia del Doom-Gothic.



miércoles, 23 de febrero de 2011

INNER FEAR - Akhu





Seguro que a muchos os ha gustado el batería de los dos últimos álbumes de Cradle of Filth, el tal Marthus, que he de decir que lo hace muy bien en esa pequeña remontada que ha hecho el grupo británico cuando cada vez caía más bajo (aunque nunca podrá ser como antes por mucho que haya mejorado ahora). 
Pues resulta que cuando vi el nombre del batería, de momento me acordé de que forma parte de esta banda de la República Checa que no está nada mal. Y no sólo toca la batería Marthus aquí, también son suyos los teclados y él compuso todo el material. 

Son considerados como Dark Metal, otros meten la etiqueta Gothic por medio… yo personalmente lo veo como Metal extremo sinfónico, lo que quiere decir que parte del Black Sinfónico de una manera que lo sinfónico se hace muy prominente mientras que la parte Black queda en segundo plano. 
Pensemos en grupos como Fear of Eternity, Bishop of Hexen, Elffor o Summoning, no se parecen en nada en un principio, muy siniestros unos y muy épicos los otros, pero tienen en común lo que caracteriza a este álbum de Inner Fear: unos continuos y pomposos teclados que manejan todo el conjunto mientras que las guitarras están ahí con una labor secundaria. 

La batería está bien, el hombre sabe hacer su trabajo con ritmos variados, pero se le concede importancia al refulgir sinfónico de los teclados, elegantes y majestuosos en gran parte, con toques de piano y pinceladas de moderada épica, que dan sentido al trasfondo espiritual del álbum al ser titulado con el inmortal concepto del akhu egipcio. 
El vocalista no sobresale entre las sinfonías con su voz rasgada que no llega a ser gritona, acompañada en ocasiones por unas femeninas que hacen ese coro que gustaban de usar grupos como Siebenbürgen o Love Lies Bleeding. 

 No os voy a descubrir una joya escondida con este debut del 2000 que por lo visto no fue lanzado oficialmente, pero si te gusta lo sinfónico está claro que no está mal para pasar un buen rato entretenido.








lunes, 21 de febrero de 2011

HECATE ENTHRONED - Dark Requiems...


Todos reservamos un rincón especial en nuestras almas para aquellos grupos con los que empezamos a conocer esta música, y más aún si nos gustan todavía a día de hoy. Así es en mi caso con los ingleses Hecate Enthroned, que me gustan tanto que les dedico una segunda entrada pese a que ya hice la reseña de su primer disco completo de 1997.

Es su segundo álbum de 1998 y, junto con su debut de 1997 y un EP de 1995, forma parte de la primera época de estos británicos cuando estilaban un Black Sinfónico con influencia de los primeros Cradle of Filth, que por algo su vocalista fue bajista en los primerísimos tiempos de esa banda. Pero la comparación entre grupos acaba al decir que usan muchos teclados y voces chillonas.

Es en esencia muy similar a su anterior disco, el mismo Black Sinfónico con ritmos rápidos y polvorienta producción noventera, estando la principal diferencia en la mayor desfiguración de la estridencia de sus voces, hasta el punto de no parecer que esté cantando las letras. A esos gritos de strigoi les acompaña una baja gutural muy ocasional, y esas narraciones en off que te vierten en el oído ecos de relatos espectrales.
El tono de las guitarras, aún sigue sombreando ambientes nocturnos como en el debut, con esa producción mejorable para algunos pero que a mí me concede un deseado toque turbio; ideal junto con esos teclados de febriles fantasías fantasmagóricas, etéreos en gran medida junto a esos otros que expelen los momentos más majestuosos y los típicos pianos que aportan la pincelada tétrica victoriana al conjunto.

Hasta que incluyeron una buena proporción de Death Metal a partir de su “Kings of Chaos” de 1999 (hay que ver la manera en que algunos grupos lanzan grandes discos muy seguidos antes de estancarse), podemos comprobar que sus tres primeros trabajos siguen la misma línea de inmortal sinfonía al podrido corazón de los dioses necrófagos.


HAGGARD - And Thou Shalt Trust... The Seer


Hace bastante que me sugirieron subir este álbum, y realmente me apetece atender la petición en vista de que es un trabajo muy brillante; no es en vano que Haggard sean tan alabados y admirados con esa maravillosa fórmula que incluye una fortísima dosis de música clásica y orquestal combinada con Metal más o menos extremo.
El disco elegido es su debut de 1997, presentado con un grabado de Durero como portada, al igual que han hecho grupos como Abigor, Agony o Hecate Enthroned.

El motivo por el que me gusta este álbum por encima de los posteriores, es la mayor influencia en su lado más metalero del Doom Metal, gracias a unas guitarras de pesada distorsión y modesta producción, aunque con momentos menos austeros y algunos riffs más lucidos. Además de que, a diferencia de su último trabajo donde la parte clásica y la parte metalera están muy separadas, en este disco ambas facetas están más integradas a pesar de que inevitablemente hay muchos momentos en los que lo orquestal y barroco se desmarca de las graves guitarras eléctricas e incluso hay temas así enteramente.

Es verdaderamente una exquisitez cuando a los riffs doomsters y la voz gutural, un poco tosca y arenosa, se unen los coros y esa pléyade de instrumentación orquestal que incluyen, contando con flauta, oboe, arpa, violín, viola, violonchelo, teclados que muchas veces son deliciosos clavicordios y un buen número de sopranos, contraltos, tenores y bajos como vocalistas invitados.
Es así tan sencillo como espectacular sentirse espectador de la opulencia cotidiana en una corte renacentista y su renovación artística, sinuosos caprichos barrocos y demás grandiosas megalomanías.

Poco más hay que decir de esta nutrida formación alemana que tanto prestigio ha ganado por méritos propios; no se pueden comparar con otros grupos, pero es desde luego una obligada escucha para quienes disfrutan de Estatic Fear, Virgin Black y los momentos más poéticos de los viejos Lacrimas Profundere.