domingo, 27 de septiembre de 2009

SATYRICON - Dark Medieval Times


Hoy vamos a recordar que hubo un tiempo en que Satyricon eran dioses del Black Metal, sin poder imaginar que algún día se convertirían en una burla de sí mismos. Y para ello nada mejor que este tremendo clásico, mi favorito personal es en realidad el épico “The Shadowthrone”, pero este debut de 1993 me gusta casi por igual y hay ocasiones en que incluso lo prefiero, porque ambos me parecen las joyas de estos noruegos.

En mi reseña de “The Shadowthrone” recuerdo que ya comenté que este debut bebe mucho de los emblemáticos Darkthrone, y no es para menos con ese sublime “A blaze in the northern sky” que se sacaron de la manga tras sus inicios deathmetaleros. De este modo, las guitarras son como hojas afiladas que nos infectan sin que opongamos resistencia, y las macabras voces de Satyr también nos remiten a la ronca y mortuoria voz de Darkthrone, pero supieron hacer que este “Dark Medieval Times” tuviese personalidad propia mediante unos toques distintivos sin necesidad de experimentaciones absurdas.
Se suele citar que este álbum fue uno de los primeros en incorporar sonidos medievales, en forma de recurrentes toques acústicos, teclados oscuros e incluso la flauta que aparece en la canción homónima.
Sobre los teclados, son pocos y muy bien distribuidos, aparecen justo cuando mejor pueden resaltar el ambiente ancestral de las canciones, y con su sencillez sin pretensiones bombásticas logran uno de los trabajos de teclados más efectivos que se pueden escuchar en discos de este tipo.
Ejemplos de ello son la sobrecogedora intro de la canción que abre el disco, oscura como pocas, o los tenebrosos teclados de “The dark castle in the deep forest”, y mejor paro de citar canciones porque todas tienen su toque especial.
Y qué mejor manera de envolver este producto que con una producción turbia pero no floja, que provee el sonido añejo necesario en una obra así.

Esta atmósfera evocadora de oscuros tiempos del Medievo está plasmada también en el concepto del disco, que está impreso en un tipo de letra que cuesta horrores poder descifrar, aunque lo suficiente como para poder leer que está basado en la Edad Media, el dominio de los vikingos sobre las tierras del norte y la llegada de la peste en 1349. Supongo que más de uno se pregunta por las letras, que no aparecen por la red, y por si alguien me lo pregunta siento decir que no están tampoco publicadas en el libreto, es un misterio que se ha guardado para sí mismo el señor Satyr.
Para el segundo disco esto se refinó un poco más, de manera más épica y vikinga, pero lo que nos brinda este debut es pura oscuridad blacker de los 90, maravillosa e irrepetible, una lástima viendo las pintas que lucen actualmente Satyr y Frost en contraposición a la estética blacker (también ridícula, claro, pero la prefiero) con la que van ataviados en la contraportada.

Siempre hay gente que está comenzando a escuchar grupos, así que esta entrada va por ellos para que escuchen una de las obras maestras del Black Metal, y los demás disfrutaremos recordándolo.

jueves, 24 de septiembre de 2009

LOVE LIES BLEEDING - Behold My Vain Sacrifice


Vuelvo a subir un disco de una de mis bandas francesas favoritas (hace ya tiempo que puse su segundo álbum), en vista de lo diferente que es este debut con respecto a sus discos posteriores. De hecho tienen etapas bien diferenciadas, y en la actualidad la electrónica tiene tanta presencia en su sonido que ya no me interesan demasiado; por ello me quedo con su segundo disco de 2001 y el tercero del año posterior, donde mostraban un Black Sinfónico con soplos góticos y muy imbuido de filosofía.

Con este debut de 2000 pasa más o menos al revés, que parece Gothic Metal con influencia del Black Sinfónico. Se lo suele considerar como Doom-Gothic incluso, pero sin olvidarnos de los toques blackers, principalmente en los momentos más rápidos (pocos en un disco bastante lento y atmosférico) y la voz raspada.
Me gustaría recordar que algunos de sus miembros militaron en el ya difunto grupo Epic, un Black Sinfónico con aires de literatura de caballerías, pero en Love Lies Bleeding se suprimen esas pinceladas medievales en pos de un ambiente más romántico y poético, lo que se traduce en ingentes cantidades de coros y teclados.
Porque resulta que entre sus influencias musicales cuentan, además de otras bandas de Metal, con grandes compositores como Brahms, notándose especialmente en esos preciosos pianos que dotan a este disco de una atmósfera distinta a la de los grupos escandinavos, junto con los clavicordios, simulaciones de oboe y flauta, órganos y demás tipos de teclados que nos brinda su teclista y compositor Adrastis Korgan.

Es un disco especialmente lento como decía, con canciones cortas en cantidad pero muy largas en duración, pues la duración media de sus cuatro canciones ronda entre los diez y quince minutos, a lo que sumamos una outro muy similar para mí a la intro del álbum de Epic.
Sólo a veces aceleran lo suficiente como para pensar en Black Metal, estilo recordado con más frecuencia por la voz rasgada (no chillona) que tiene un gran acompañamiento de coro femenino, ese tipo de voz femenina que encontrábamos en el “Delictum” de Siebenbürgen.

Con el tiempo me ha gustado cada vez más esta faceta tan lírica de una banda que para su segundo disco “S.I.N.” se tornó más rápida y agresiva, pero igualmente sinfónica y decadente a la francesa. Recomendado para amantes de cosas tan aparentemente dispares como Epic, Tristania, Fallen Sentinel, Siebenbürgen, Vampiria o los primeros Ancient Ceremony.

miércoles, 23 de septiembre de 2009

DRUDKH - Autumn Aurora


¿Qué mejor manera de conmemorar la entrada oficial del otoño? Pues con un disco que lo lleva en el título, en la portada y en todo su sonido, por supuesto.
Estos discretos ucranianos, que jamás conceden entrevistas (ojalá lo hiciesen también algunos bocazas), son todo un ejemplo de que el Black Metal no está muerto como muchos claman. Cierto es que ya no son lo mismo la grandes bandas noruegas de antaño y nunca volverán a editar discos a la manera que tanto nos gustaría, pero en tiempos recientes también surgen grandes formaciones que podemos considerar como clásicos modernos, y para muestra esta banda que debutó en esta última década.

Podría haber escogido su “Blood in our Wells” de 2006, gran álbum sin duda, pero no puedo evitar inclinarme por el disco con el que los conocí, su segundo trabajo de 2004 que me parece siempre una buenísima opción para comenzar con Drudkh.
Para quien aún no los conozca, parten del sonido de Burzum pero yendo más allá, aportando su toque distintivo y haciendo que un sencillo Black Metal atmosférico tenga una profundidad impresionante.
Lo que más me gusta es que incorporaron por primera vez teclados, unos sintetizadores ambientales que se funden con las densas guitarras para crear el cromatismo del follaje otoñal y el olor a lluvia reciente de los senderos de los bosques de la Europa del este. Hablando de guitarras, pueden estar tranquilos los que no toleren las guitarras demasiado zumbantes y chirriantes, porque aquí no es así, al igual que las voces rudas y muy distribuidas no tienen que ver con los gritos agónicos de Burzum (por suerte).

Hay algún lucimiento con la guitarra, pero la tónica general son los largos y lentos pasajes instrumentales con reconfortantes teclados y acústicas junto a las hechizantes guitarras, e incluso en el tema “Sunwheel” disfrutamos de un tono más Folk.
Encaja entonces del todo con su inspiración lírica sobre naturaleza, mitología y poesía eslava, aunque también hay que decir que nunca han mostrado las letras de algunos discos (como éste precisamente).

Son ya tan reconocidos que casi no hace falta recomendarlos, pero tampoco está de más aprovechar la ocasión para recalcar lo adecuada que es esta banda para seguidores cercanos de Wolves In The Throne Room, Negura Bunget, Fen, Ulver y demás paseos por sendas alfombradas de cobriza hojarasca.



lunes, 21 de septiembre de 2009

ATANATOS - The Oath Of Revenge


Con esta atractiva portada nos presentaron en 1998 su debut los germanos Atanatos, una portada que claramente nos habla de la naturaleza épica de la música que contiene el CD.
Tal vez la música no sea tan fantástica como su portada, pero me está amenizando la tarde y por ello me gustaría compartirlo.

Una forma rápida de definir su sonido sería Black-Thrash épico. No me gusta personalmente el Thrash Metal, pero en este caso he de decir que me gusta el tono de las guitarras, potentes y cortantes, y a veces incluso reminiscentes del Black Metal de Darkthrone (pero es sólo un leve regusto).
Además, tienen un buen toque de teclados sinfónicos, no muy prominentes pero tampoco escasos para nada, por lo que ese Black épico con melodía, teclados y toque thrasher me recordó bastante al disco “At the gates of Utopia” de los italianos Stormlord, aunque con guitarras más crujientes.
Se mueven entre ritmos rápidos y medios tiempos, y eso unido al sonido de los teclados nos recuerda también a otros grupos alemanes como Aeba o Cryptic Wintermoon, cuyos fans se pueden ver complacidos entonces con este álbum.

Lo que me provocaba más desconfianza de la etiqueta Black-Thrash era la posibilidad de encontrarme con una voz que no fuese lo bastante blacker, pero para nada, porque por fortuna la voz raspada es más que decente y tampoco es una de esas voces que quieren destacar demasiado por encima de la música, y además añade guturales y algunas voces narradas propias de una banda épica como ésta.
Así que, por tanto, el vocalista es más que aceptable al igual que el guitarrista y la teclista femenina, y juntos nos brindan un disco que puede cumplir con su propósito de entretener aunque no sea ninguna joya oculta.

Sin más, un disco más para pasar el rato como otros tantos del sello Last Episode, como por ejemplo Cryptic Carnage, el debut de Black Messiah o Penetralia, todos ellos con buenos toques pero sin ser increíbles.

sábado, 19 de septiembre de 2009

CATAMENIA - Halls Of Frozen North


Esto apetece mucho en estos días de descenso de las temperaturas, y además ya era hora tras haber puesto un grupo similar y menos conocido como es Black Swan, y tras haberlos citado en reseñas de grupos como Faerghail y Vordven.
De estos finlandeses me interesa especialmente el Black Melódico de sus tres primeros discos, de los que éste es el debut de 1998, y lo posterior ha ido derivando en material que cada vez me interesa menos por gustos personales.

Son el vivo ejemplo de cómo un grupo suele ofrecer lo mismo más o menos disco tras disco, incluso repitiendo el tipo de portada con lobos y nieve, aunque no me parece malo porque siempre será peor que un grupo experimente y ofrezca algo espantosamente distinto a lo que te atraía de su sonido.
En todo caso, este disco en su momento era bastante original, con una forma de usar los teclados inusitada por entonces, unos teclados que se acoplan con las guitarras para crear melodías boreales que nos regalan la fantasía con tardes de enero en el lejano norte salpicado de coníferas en medio de una infinidad nevada.

Pasando a su aspecto como banda de Black Metal, resulta que recaen mucho en la misma fórmula canción tras canción, pues todo el disco consiste en temas cortos a medio tiempo, con una duración media de tres minutos y medio por canción. El resultado es un disco de trece canciones y una outro, casi nada, con la consecuencia de una tremenda irregularidad que nos brinda temas excelentes como “Dreams of winterland” y sus teclados que sugieren realmente el título, o la homónima del álbum con sus nórdicos pianos, por poner sólo un par de ejemplos, juntos a otros tantos temas más insípidos y que no echaríamos de menos.
Esta linealidad queda también patente en la voz, que todo el tiempo es igual, una desgarrada voz muy al estilo de otras tantas bandas de Finlandia.

También me gustaría comentar el agradable uso de acústicas de ciertas canciones, y que las guitarras no son ni crudas ni excesivamente melódicas como para no poder hablar de Black Metal, aunque en todo caso esto es un producto más destinado a los amantes de la melodía que del Black más tradicional.
Lo recomiendo por si alguien conoce otros discos y aún le falta por escuchar su debut. Y, ya que es una banda tan conocida, pues aprovecho para recomendar de nuevo a Black Swan, Faerghail y Vordven.

jueves, 17 de septiembre de 2009

THYRANE - Symphonies Of Infernality


Y como contrapunto a la profunda melancolía de la entrada anterior, ahora toca algo más enérgico y con vigorizantes efectos.
Thyrane es una ya desaparecida banda de Finlandia que debutó con este álbum de 1999 tras su demo “Black Harmony” de 1998, que mostraba cierta influencia de los dioses Emperor. Ésa es la parte que más me interesa de su trayectoria, ya que luego editaron un disco que no me llamó la atención para acabar después inclinándose por la electrónica, pero eso ya es cuestión de los gustos de cada uno.

Nos queda más o menos claro el estilo al ver el tipo de portada, con ese dibujo de Gustave Doré de las ilustraciones del “Paraíso perdido” de Milton (cosa que ya hicieron Emperor con “Anthems to the welkin at dusk”), información que nos completa el título del CD, siendo entonces un Black Metal pretendidamente infernal.
Y así es, tocaban un Black Metal bastante potente con teclados sinfónicos de fondo. No falta quienes comparan con Dimmu Borgir, como siempre que un grupo toca con teclados, pero la verdad es que no tienen esos teclados tan dominantes del grupo noruego, y yo más bien diría que se parecen a otras bandas finesas como Alghazanth o Autumn Verses.

Tras su intro nos sueltan encima las tres canciones en las que más se lucen los teclados, aunque después comprobamos que en realidad los teclados tienen un papel más secundario en los demás temas. De todos modos nunca restan protagonismo a los otros instrumentos, estando más o menos equilibrados, con guitarras contundentes y baterías rápidas y aplastantes, les gusta mucho la caña con sentido (que está contrapuesta a la caña porque sí).
Precisamente los temas donde los teclados juegan un papel más destacado son las que me parecen las mejores, para muestra ahí están “Satanist” y “Black atmospheric madness”, las joyas del disco con sus sinfonías desenfrenadas y apabullantes. Y no está de más aclarar que no recurren a pianos ni similares como otras bandas del estilo, sólo unos pocos órganos sencillos en un tema, ya que la atmósfera que quieren transmitir es supuestamente diabólica (no hay más que ver los típicos y ridículos títulos de canciones); en todo caso se puede decir que lo consiguen.
Otra canción que podemos destacar entre las otras más pasables es “Crimson halls of blood” con su parte acústica. Y lo único que me queda por comentar son las voces, que en este CD consisten simplemente en unas rasgadas bastante embrutecidas que no varían casi nada, a tono con lo tajante del disco.

Concluyendo, un CD para quienes buscan entretenimiento sin pretensiones, y con buena producción que no echará atrás a los que no son capaces de saborear lo underground. Y claro que gustará a fans de cosas como Dimmu Borgir y Old Man’s Child a pesar de que no sean exactamente lo mismo, eso es casi obvio.



miércoles, 16 de septiembre de 2009

MOURNING BELOVETH - The Sullen Sulcus


Las primeras lluvias otoñales, que en mi tierra están suponiendo tardes y mañanas en las que la cortina de agua es incesante, piden una entrada doomster en toda regla.
Y qué mejor que un excelente Doom-Death británico de toda la vida, desde la húmeda Irlanda, tierra que además de su maravillosa música Folk nos regala una de las mejores bandas que rememoran el sonido Doom de los 90.

Los conocí con du debut “Dust”, que me gustó sin más que contar, al igual que su reciente “A disease for the ages”, pero con este segundo álbum de 2002 lanzaron una gran obra de riffs plomizos y melodías hastiadas.
Es muy curioso el concepto del disco, inspirado en cómo las personas nos torturamos con nuestros pensamientos, reflejado en la portada y el artwork del CD con ilustraciones de cerebros y siempre con fondos rojos. Así es como a ello le ponen como banda sonora un Doom-Death que parte claramente del sonido antiguo de My Dying Bride (sobre todo) o Anathema, pero sin copiar claramente y con su toque personal.
Las guitarras duras, lentas y maravillosamente reminiscentes de My Dying Bride se entrelazan con partes más melódicas, pero tan cautivadoras como las más pesadas, teniendo así una cohesión bien lograda, y sin echar mano en ningún momento de teclados atmosféricos (aunque algunas partes de sintetizador no habrían quedado nada mal). En cambio, lo que sí emplean son unas pocas pinceladas acústicas.
La voz es sobre todo gutural, como en todo Doom-Death que se precie, pero sin llegar tampoco a ser tan cavernaria como la del Funeral Doom, claro. Lo que no me acaba de gustar es la esporádica aparición de coros de voz limpia melódica, pero de todos modos esto es una apreciación demasiado personal, y comprendo que en realidad forma parte de ese entramado de contrastes conformado por las guitarras.

Todas las canciones muestran un buen nivel, pero me gustaría destacar el que para mí es uno de los mejores temas del estilo que se pueden escuchar, “Narcissistic Funeral”, que sobresale entre las demás canciones del mismo modo en que el álbum para mí destaca en su discografía.
Por lo demás, es obvio que este disco debe ser escuchado sin falta por todo amante del buen Doom-Death, porque el que encontramos aquí es del bueno.